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Este año, la Paz ¡desde Colombia!

Práxedes Saavedra Rionda. Director de Proyectos. FIBGAR

Madrid, 21 de septiembre de 2016. Este año, el día de la paz está dedicado a los objetivos de desarrollo sostenible. Son sin duda merecedores de nuestro tiempo y contribución, por lo que los invito a que inviertan unos minutos en revisarlos y qué impacto se espera de ellos. No obstante, como dice el adagio, “la actualidad manda” y no quería perder esta oportunidad de hablar del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera de Colombia y el plebiscito que viene el 2 de octubre.

Es cierto, que salga el Sí en el plebiscito no significará un 3 de octubre de Paz. Sí, aunque se cumplan los acuerdos tal como está previsto, quedará trabajo por realizar. Ahora bien, creo profundamente en los dos siguientes postulados: estos acuerdos son un paso de gigante para una Paz hace mucho no vista en la historia de Colombia y para el fin de un conflicto que es la única realidad con la que han vivido millones de colombianos; la victoria del No es la “certeza de la incertidumbre” de si el conflicto algún día terminará. Esto último se escribe rápido y se sufre despacio, en carne viva.

Partamos del principio. Es difícil recordar momentos de la historia de Colombia sin violencia. El asesinato de Gaitán en 1948, las décadas de “La Violencia”, el nacimiento de guerrillas como las FARC, el ELN o el EPL, hunden sus raíces en la violencia bipartidista arrastrada desde el siglo XIX. El conflicto en Colombia es un conflicto social y político.    

La negociación de la Paz sostenible y su construcción impulsada por toda la sociedad, solo pueden realizarse sobre la confianza mutua. Confianza que supere la presión en dirección opuesta de aquellos interesados en obstaculizar el proceso. Confianza que eleve sobre los fracasos pasados y permita superarlos.

Los llamados Acuerdos de la Habana buscan poner fin de modo bilateral al conflicto en su participación en él de las FARC, si bien es cierto que de modo indirecto ponen la piedra fundacional para el fin total del conflicto, luego quedará el asunto de las bandas criminales, aunque hay compromisos firmes al respecto en los Acuerdos. Los títulos de las distintas partes del texto final permiten comprender la complejidad de la situación,. Releámoslos: el conflicto es de tipo social y político, con raíces en la justicia social, con manifestaciones en la calidad y el nivel de vida de los colombianos, lo que requiere profundas transformaciones al respecto, esto es, del campo y el acceso a tierras y la desigualdad; igualmente, necesita de la integración en la vida política democrática de los grupos excluidos; ambos suponen el fin de la actividad armada y de las actividades ilícitas, principalmente de las actividades económicas alrededor de la producción y distribución de drogas; obviamente, hemos de dotar de centralidad a las víctimas y a la idea de que este es un proceso de transformación y sanación de la población colombiana en su totalidad, es un  proceso de transición; pero la confianza mutua no nos cegará, por lo que estableceremos sistemas y procesos de verificación de la implementación, en la que nos acompañarán todos los humanos, todos los países, a través de las Naciones Unidas.

Yo no puedo votar por el Sí, principalmente porque no soy colombiano, pero estoy por el Sí como humano, como persona, porque la paz en Colombia es una mejora también en Latinoamérica y el mundo. Pero no se fíen de mí, léanse los acuerdos, revisen los resúmenes de los mismos, escuchen a las víctimas y formen su propia opinión. No se dejen embaucar por mentiras, no habrá expropiación de tierras (véase página 12 del Acuerdo); ni impunidad (véanse páginas 262 y siguientes); ni se entregará el país a nadie que no sean los propios colombianos, todos ellos (página 4); ni será la victoria del “castrochavismo” en Colombia (no puedo referir a página alguna pues no hay texto que cubra tan absurda afirmación). Vayan más allá de peleas personalistas y cortoplacistas, del Uribe contra Santos, de fantasías como el “podemos volver a negociar”. Voten y, si no son colombianos, apuéstenle al Sí o al No, pero desde la honestidad, la valentía, la responsabilidad para con el resto y el futuro.

La Fundación Internacional Baltasar Garzón lleva, desde su nacimiento, dedicando la labor de su sede en Bogotá a esta Paz cada vez más cercana y sigue lista y dispuesta a contribuir a su construcción de la mano de todas las colombianas y colombianos, sus organizaciones de la sociedad civil y actores públicos.

Hoy, 21 de septiembre, es el Día Internacional de la Paz. Dentro de 12 días, el 2 de octubre, puede ser el de un paso de gigante e irreversible hacia ella.

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