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Desgranando el 8 de marzo: por un feminismo crítico y diverso

En un día invernal como el del 8 de marzo celebramos el llamado Día Internacional de la Mujer. No es inusual que también llamen a este Día Internacional como el de la "Mujer Trabajadora". Sin contar preposiciones ni artículos, los dos sustantivos y los dos adjetivos empleados para nominar este día pueden constituir objeto de muchísimo debate. Y es lo que pretendemos hacer aquí: realizar un análisis crítico sobre la celebración de esta efeméride y sus implicaciones para las reivindicaciones feministas.

Y por ser un poco revolucionarios, en perfecta sintonía con el día que viviremos, vamos a empezar por el final. Día Internacional de la Mujer "Trabajadora". Este apellido fue colocado allá por el año 1910, en el marco de la Segunda Conferencia de Mujeres Socialistas en Copenhague. ¿Tiene sentido en la actualidad que este día de las mujeres se reconozca sólo a las trabajadoras? Entendamos como trabajadoras las que reciben un sueldo. ¿Qué pasa con el resto de mujeres, las que trabajan, pero en casa o cuidando a otras personas en situación de dependencia sin cobrar? No conviene invisibilizarlas en un día como éste, pues aportan una labor inestimable a un Estado que se dice "social y democrático de Derecho". Hay quien ya se ha planteado que estos trabajos (porque trabajos son, en el sentido más literal del término) sean remunerados, pero… ¿no supone esta idea una condena irremisible para la mujer a un rol social determinado de cuidado? ¿No debemos aspirar a la destrucción de esos roles asociados al género y a modificar esa cultura de "la mujer en casa y el hombre trabajando"? Mucho ganaría la sociedad si el cuidado se entendiera como una corresponsabilidad de todos.

La ONU, quizá por alejarse de esa denominación socialista, en 1975 prefirió denominar el 8 de marzo como el Día Internacional de la "Mujer". ¿Es, por tanto, un día "contra los hombres"? Sí y no. En teoría no, porque el feminismo busca reconocer unas capacidades y unos derechos a las mujeres para lograr la igualdad plena con los hombres, y es cierto que los hombres pueden (podemos) colaborar en este objetivo (siempre y cuando no nos apropiemos de la lucha, que será siempre de las mujeres). Pero también debemos afirmar que sí, porque en definitiva la lucha se da contra un sistema creado por los hombres y para beneficio de los hombres: el heteropatriarcado.

Propiamente hablando, el patriarcado es una estructura de opresión y dominación que despliega el poder masculino sobre las mujeres en todos los contextos. Esta definición la puso de relieve el feminismo radical de los años 70. Pero llamará la atención de la lectora que al patriarcado se le añade el prefijo "hetero". Gayle Rubin criticó en su día la noción de patriarcado calificándola como insuficiente para describir la opresión de la mujer, pues sólo atiende a la variable género, es decir, la acumulación de poder del hombre frente a la mujer, pero es ignorante frente a otra variable de dominación, que es la sexualidad. No sólo hay discriminación por razón de género, sino que también se producen una serie de opresiones por razones de sexualidad. El heteropatriarcado también discrimina, cuando no anula, identidades sexuales o de género distintas a las de los heterosexuales cisgénero1. Por tanto, también es una lucha de lesbianas, bisexuales y transexuales para obtener la liberación de las identidades y sexualidades oprimidas por el heteropatriarcado.

Es un Día, por tanto, "Internacional". Pero, ¿internacional de quién? No dejaremos de observar en los medios de comunicación que el liderazgo del feminismo está representado en la mujer blanca y occidental. ¿Qué pasa con las otras mujeres? ¿Qué hay de los feminismos negro, islámico o decolonial? Sencillo: no existe interés en visibilizar feminismos entre cuyas metas se encuentra también la destrucción de la estructura capitalista e imperialista occidental. Sin ánimo de profundizar en ellos (aunque recomiendo hacerlo), su mera existencia nos es útil para mostrar que no existe una fórmula universal para empoderar a la mujer. Es más, son igualmente válidas en la medida en que intentan perseguir este objetivo. Un mejor día sería el 8 de marzo si todos repensásemos cuáles son nuestros privilegios y qué podemos hacer.

Y, por último, es un "Día". En eso se queda, en 24 horas. Y ojo, no es objetivo de este artículo minusvalorar la importancia mediática de un nuevo modelo de protesta como es en nuestro país la convocatoria de una huelga feminista. Pero es de pensar qué sucede el resto de días:

- ¿Qué pasa con la violencia de género? ¿Qué hay del "Nos queremos vivas"?
- ¿Qué hay de la brecha salarial? ¿Qué hay de realizar un mismo trabajo que un hombre y cobrar menos que él?
- ¿Qué hay de la cosificación? ¿Qué hay de los anuncios en los que las mujeres son objeto?
- ¿Qué hay del machismo? ¿Qué hay de esa expresión del sistema heteropatriarcal que oprime y atemoriza a las mujeres?

¿Qué necesitamos para combatir todo eso? En contra de lo que algunos hombres quieren pensar, más feminismo. 365 días al año. La huelga del jueves debe ser un toque de atención, pero la lucha debe continuar el resto del año. Con más acciones feministas, y sobre todo, con más educación feminista. Por mucho que se repita, no deja de ser cierto que en la infancia está el futuro. En una educación por la verdadera igualdad y la cada vez menor relevancia de los roles de género. Y si el sistema educativo, creado por políticOs (véase la "O" como deliberadamente colocada) no es favorable a esta idea, habrá que crear nuevos espacios donde poder aprender este axioma.

El jueves puede ser el día perfecto para pensar en un feminismo diverso. Apoyando la huelga feminista, sí, pero también repensándonos, preguntándonos cuál es la mejor forma de deconstruir nuestros privilegios como hombres. Teóricamente el 8 de marzo el 50% de la población aproximadamente debería dejar de trabajar. ¿Se imaginan que, este mismo día, sirviera para que el otro 50% de la población fuera consciente de su posición y se solidarizara con la causa feminista? Qué distinto sería entonces despertar en un 8 de marzo y nominarlo "Día del Cambio Feminista". Soñemos la utopía. Sólo con soñarla ya hacemos de este mundo un espacio mejor en el que convivir.

Mariano Navas
Fundación Internacional Baltasar Garzón

1 Cisgénero son aquellas personas cuyo sexo biológico coincide con su identidad de género percibida.

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