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Carlos Slepoy Prada, el defensor de las víctimas

Baltasar Garzón. Jurista y  Presidente de FIBGAR.

Hernán Hormazábal Malarée. Catedrático de Derecho Penal

 

Madrid, 19 de abril de 2017. Carlos Slepoy Prada (Buenos Aires, 29 /9 /1949-Madrid, 17/4/2017) se licenció en Derecho en la Universidad de Buenos Aíres en septiembre de 1975. Después de casi 42 años de ejercicio de la abogacía, ostenta con honor el título de Defensor de las víctimas y abogado de la Humanidad

Familia, amigos y compañeros, le llamábamos Carli. Su vida ha estado dedicada a la defensa de los Derechos Humanos. Luchador contra la dictadura cívico militar argentina que sembró de miles de cadáveres y desaparecidos su país natal durante siete años de terror y de tortura que él mismo sufrió, tuvo que exiliarse en España, donde continuó su defensa de los más débiles, primero como abogado laboralista en Zaragoza y después en Madrid, como letrado del sindicato UGT; y, más tarde a quienes más lo precisaban.

En 1982, en la Plaza Olavide de esta capital, se enfrentó pacíficamente, con la voz y la palabra, a un policía nacional que, abusando de su condición, maltrataba a un joven. Al dirigirse a la comisaria, el funcionario le disparó por la espalda con su arma reglamentaria, hiriéndole gravemente y dejándole secuelas para el resto de sus días.

Una de las características de este abogado argentino español era la de su férrea fuerza de voluntad y su incansable creencia en las mejores cualidades del ser humano. Por ello, antes que arredrarse y desfallecer, esta agresión, le hizo profundizar más en favor de las causas humanitarias, como voluntario en asociaciones de exiliados, de emigrantes y derechos humanos.

Carli sufría con cada defensa de un caso; lo hacía por las víctimas y por la insensibilidad de muchos que dejaban desamparadas a aquellas. Quizás por ello, cuando en 1996 el juez Baltasar Garzón admitió a trámite la denuncia presentada por la UPF por presuntos crímenes de terrorismo, tortura y genocidio cometidos durante la dictadura argentina no tardó en asumir la acusación popular y en defensa de las víctimas; como después lo haría en el caso chileno, tras la detención de Pinochet en Londres; y, más tarde en el caso de Guatemala o finalmente en defensa de las víctimas españolas del franquismo ante la justicia argentina tras la ominosa decisión de los tribunales españoles de no investigar esos execrables crímenes.

Su acusación en el caso Scilingo fue memorable, y le convirtió en un referente en todos los demás casos de jurisdicción universal que se tramitaban en la Audiencia Nacional. Siempre que la justicia lo precisaba, Carli estaba dispuesto, sin limitación, a darlo todo contra la barbarie de los poderosos y represores. Su participación en la detención de Ricardo Cavallo en México en 2000 fue fundamental, como lo ha sido en todos los procesos en los que intervino. Su nombre, por ello, quedara en los anales de los avances del derecho penal internacional y de la lucha contra la impunidad.

Carlos Slepoy fue esencialmente el defensor de las víctimas de los crímenes más horrendos, y en ese papel se transformó en uno de los motores más potentes de la justicia frente a los poderosos, garantizando que esta se humanizara y descendiera, por una vez, de los estrados de la indiferencia al piso del dolor de los más vulnerables.

Sus aportes a la definición de los crímenes internacionales y a la elaboración de los instrumentos jurídicos para perseguirlos son reconocidos internacionalmente. Y, en ese contexto, Carlos Slepoy nos enseñó a construir la verdadera dimensión de la justicia y de la dignidad del ser humano. Jamás desfalleció en su combate a la impunidad, sin limitación de fronteras. En su labor de defensa de las víctimas de crímenes de genocidio o lesa humanidad defendió su universalidad, y por ende la obligación de actuar de la justicia de cualquier país frente a los perpetradores de los mismos.

Carli ha sido uno de los divulgadores más preclaros de la experiencia española en la persecución de aquellos crímenes. Y con su discurso firme y didáctico ofreció al mundo la verdadera dimensión del Derecho como instrumento de protección de la sociedad frente a los abusos del poder. Sus artículos doctrinales y de opinión y sus conferencias han contribuido decisivamente a asentar los cimientos del edificio de justicia universal.

Quizás no imaginó que la Jurisdicción Universal, instrumento de ida y vuelta en la lucha contra la impunidad, le llevaría de nuevo a Argentina para exigir la justicia que en España se había denegado y aún se niega a las víctimas del franquismo. El 14-4-2010 presentó en Buenos Aires una querella por crímenes contra la humanidad cometidos en España durante la dictadura de Franco. Inasequible al desaliento, la muerte le ha sorprendido cuando trabajaba y asesoraba a diferentes colectivos para iniciar nuevamente acciones penales en España contra los responsables de los crímenes franquistas. Descanse en paz. ¡Ahora y siempre!

Este artículo se publicó en el Diario El País el 19 de abril de 2017

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