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Aporofobia: la gran desconocida Injusticia Social

Sonia Agudo Capón. FIBGAR

Madrid, 19 de febrero de 2017. El pasado 17 de enero, sentado un día más junto al supermercado de siempre, creyó que estaba de suerte. Se le acercó un joven y dijo «hola señor, ¿necesitas ayuda?» tendiéndole un billete de 20€. « ¿Tiene un poco de hambre? Le doy esto también» y acercó un paquete de galletas. Él da las gracias repetidamente llevándose la mano al pecho y a la boca. No comprende del todo la situación, no entiende por qué el joven no para de grabar con su teléfono móvil, ni por qué las galletas tienen un sabor extraño. Pero tiene hambre, igual que frío. Y se las come confiado, porque ¿quién puede esperar que un adolescente rellene galletas de pasta dentífrica para humillar a una persona sin hogar, y además, lo comparta con millones de seguidores en Youtube?

Quién puede imaginar que exista un fenómeno social basado en la repugnancia ante el pobre, ante el desamparado. Dejemos de imaginar, parece no tener nombre pero existe. Son conductas muy variables las que constituyen estos delitos de odio, generalmente robos, agresiones o abusos sexuales. Ha sido incluso necesario crear el término “incidentes de odio”, pues no existe tipificación suficiente en el Código Penal que abarque el abuso que padecen las personas sin hogar. El tratamiento discriminatorio pasa por ser orinados encima mientras duermen, que se les rocíe con bebidas alcohólicas, gasolina o la prohibición de entrada en espacios públicos cuando van a consumir un simple café o utilizar el aseo. Un fenómeno presente en los medios, que sin ser nombrado, goza un poder social fortalecido precisamente por actuar desde el deleznable anonimato.

Sin embargo tiene nombre, y debemos verbalizarlo sin pudor.  Es cierto que no lo reconoce la R.A.E., no se usa coloquialmente y apenas lo conoce más que un sector muy reducido de la sociedad. El neologismo aporofobia significa odio, miedo, repugnancia u hostilidad ante el pobre, el que no tiene recursos o el que está desamparado. Hay que etiquetar al que practica estas actitudes de intolerancia y desprecio ante las personas en situación de exclusión social. Hay que abochornarlas bajo una categoria cuya magnitud es incluso más profunda que la del racismo o la xenofobia.

Es muy simple, la diferencia entre aporofobia y xenofobia o racismo radica en la evidencia de que la sociedad generalmente acepta miembros de otras razas o inmigrantes, siempre y cuando cuenten con buenos recursos económicos, fama u otros bienes.  No hay desprecio por los millonarios rusos ni la realeza árabe de Marbella, ni por los alemanes y británicos asentados a la orilla de nuestras costas. Sin embargo, no aceptamos al "áporos", al sin recursos, al que parece no ofrecer nada interesante a cambio. El problema no es de fronteras ni de raza: es de pobreza. Por eso es cierto que existen algunos racistas y xenófobos, pero aporófobos, lo son casi todos.

Las personas sin hogar son un reflejo del fracaso social. La aporofobia rechaza algo que es producto de nosotros mismos, los quiebros de la mala fortuna. Cualquiera, por avatares de la vida, podemos encontrarnos ahí. Esta sociedad tiene una visión estereotipada de lo que implica el sinhogarismo. Se tiende a culpabilizar a aquel que vive en la calle bajo el “algo habrá hecho”. El imaginario colectivo asume que todos consumen drogas o tienen problemas de salud mental, que no siempre es cierto. Y aunque así fuera jamás perderían su derecho a la igualdad de trato, a la no discriminación y el respeto a la dignidad. Muchos son simplemente ciudadanos cuya suerte se ha truncado en algún momento, y ninguno estamos exento de esa posibilidad.

La clave de esta problemática es que la sociedad culpa a la víctima. En este tipo de agresiones hay una distorsión cognitiva, se asume que las personas sin hogar son merecedoras de sus circunstancias, potenciales delincuentes y no víctimas. En definitiva: el caldo de cultivo perfecto para los delitos de odio.

Los valores humanitarios y filantrópicos que dieron origen a la Comunidad Económica Europea primero, y a la Unión Europea después, están dejando paso a la inequidad de un modelo económico que repudia la indigencia que produce. En España, el código penal protege a las personas sin hogar de manera insuficiente. No está tipificado el delito de odio, sino una serie de tipos que podrían calificarse como tal. Únicamente existe el agravante genérico de discriminación del artículo 22.4. A nivel jurídico se intenta hacer frente a esta carencia en la legislación frente a la aporofobia introduciendo el concepto de trato degradante en el delito contra la integridad moral del artículo 173.1. Esta vía supone un incremento de la pena, de modo que en el caso de agredir a una persona en exclusión social, no se limita a una simple falta de lesiones.

Hoy es el día Internacional de la Justicia Social, principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera dentro los países y entre ellos. Hoy es un día para hablar de la aporofobia, para que a todos nos sepa la boca a galletas con dentífrico y para asumir que estamos ante un fenómeno invisibilizado de vulneración de derechos fundamentales

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